Mujeres shuar y campesinas resistiendo a los desalojos del proyecto Mirador en la Amazonia ecuatoriana

Ubicación geográfica

La cordillera del Cóndor es una zona montañosa ubicada al Sureste del Ecuador, es una cadena montañosa que va de norte a sur con una altitud máxima de 2900 m.s.n.m. Como región amazónica cuenta con una basta potencia ecológica, repartida entre la provincia Morona Santiago y Zamora Chinchipe.

Ubicado en la parroquia de Tundayme, cantón El Pangui, provincia de Zamora-Chinchipe, el proyecto Mirador se encuentra en una zona particularmente sensible tanto a nivel físico como social, por su alta pluviosidad y sismicidad, por su nivel de endemismo y su megabiodiversidad, y por ser territorio de la nacionalidad indígena shuar.

Por sus características geomorfológicas en esta zona existe una riqueza hídrica de gran variedad, en los alrededores de los ríos se ubican cerca de mil habitantes pertenecientes al pueblo shuar y otros pueblos campesinos y mestizos.

Breve historia del conflicto

Desde inicios de la década de 2000, la presencia de empresas mineras transnacionales en la cordillera del Cóndor con el objetivo de generar las mayores y primeras operaciones de megaminería en el país han provocado una alta conflictividad social. Uno de sus mayores exponentes ha sido el caso de Mirador. Desde paros en donde se dieron graves enfrentamiento por parte de grupos opuestos a la actividad minera con la policía y la empresa, hasta el desalojo forzoso y la expulsión de comunidades enteras a partir de figuras de servidumbre minera, hasta asesinatos de dirigentes en la zona.

El proyecto minero Mirador es el primer proyecto de minería a cielo abierto en el país. Esta apertura minera se está produciendo en un territorio indígena donde habita el pueblo shuar, quienes están afrontando graves riesgos en el ejercicio de sus derechos colectivos reconocidos constitucionalmente y en instrumentos internacionales que no están siendo protegidos ni garantizados por el Estado ecuatoriano. Este proyecto ha sido el primero en interponer y aplicar contra la población indígena y campesina demandas por servidumbre minera que fueron ejecutadas por el Estado ecuatoriano. Estas demandas han significado desalojos forzosos de decenas de familias en la zona. En el Ecuador, es el primer proyecto minero a gran escala relacionado, al menos territorialmente, con la muerte violenta de José Tendetza, uno de los líderes shuar más destacados en la resistencia antiminera, caso que hasta ahora sigue en la impunidad.

La historia de la cordillera del Cóndor es también una historia de resistencia, cuidados y reproducción de la vida que llega de la mano de las mujeres. Una historia de conocimientos que emergen de lo colectivo y de lo ancestral, que se forjaron en el pasado, pero continúan en el presente, y que ha permitido a la población confrontar, disminuir y sobrellevar el ataque constante al que ha estado expuesto el territorio y las vidas de quienes habitan en esta cordillera.

Territorio Cuerpo
Impactos emocionales, Impactos físicos, Sobrecarga de tareas por roles de género, Violencia sexual
Territorio Tierra
Despojo y contaminación, Impactos económicos y productivos, Militarización del territorio, Vulneración de la soberanía alimentaria, Vulneración de los derechos de la naturaleza
Territorio Organizativo
Rupturas, Estigmatización organizativa
Actores Agresores
Ejército, Empresa minera, Estado – Instituciones
Estrategias de Resistencia
Acciones jurídicas, Alianzas, Iniciativas mediáticas
Identidad
Comunidades indígenas, Comunidades campesinas, Población mestiza
Material de extracción
Cobre
Nombre de la empresa y origen
Ecuacorriente SA (ECSA) – China

Impactos del conflicto

  • Territorio Cuerpo
  • Territorio Tierra
  • Territorio Organizativo

  • Territorio Cuerpo

    Los violentos desalojos forzosos suscitados entre el año 2015 y 2016, además de haber aterrizado con total violencia sobre comunidades enteras, provocaron en las mujeres una múltiple vulneración. Estos desalojos afectaron a más de 136 personas que no fueron avisadas por las autoridades, ingresando con brutalidad en la madrugada a los hogares de las familias. Este hecho, que ha sido de los más destacados, provocó un trauma profundo en las mujeres campesinas y shuar, y las expuso a múltiples vejaciones.

    Este hecho también impactó a aquellas mujeres que no sufrieron de manera directa este proceso de desplazamiento forzado, que empezaron a vivir con angustia, con la tristeza, la presión y la sobrecarga que genera el miedo a nuevos desalojos y a la desvinculación del territorio. Esto priva a las mujeres de las condiciones para sostener la reproducción y la calidad de vida para ellas y sus familias.

    Fue un destrozo, eso tan terrible que pasó […] Yo cuando llegué me daba ganas de gritar, pero me aguantaba, porque tenía miedo de que me dé algo, porque sufro de que se me paraliza la mitad del cuerpo […] Cuando vi todito virado así, a mis sobrinas gritando [llora], […] viendo cómo las gallinas, los animales, todo, los policías teniendo a la gente. Es que la gente quería entrar para que no rompan las cosas, era algo horrible, horrible lo que pasó ese día […] Me daba una desesperación, me daba miedo de que me dé algo de ver las cosas cómo estaban […] Tenía miedo más que todo de ver cómo se empujaban, se jalaban. Al mismo tiempo me daba miedo de que me vuelva [refiriéndose a su parálisis], […] y así mejor me tranquilicé. Pero sí me daba un sentimiento […] más que nada de verles a mis sobrinas […] Porque yo no podía ayudarles [llora].

    (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial, 2017) 

    En Mirador hay una constate exposición de las mujeres a un contexto de violencia sexual en el que los trabajadores de la empresa minera se habilitan para el acoso y hasta la violación de las mujeres de la parroquia de Tundayme. Las mujeres sienten que no pueden seguir viviendo, ni caminando libremente por su territorio por temor al constante acoso en el que viven.

    Dice “vamos a tomarnos un helado y de ahí nos vamos a un hotel, y de ahí estamos conversando en el hotel”, dice. O sea, imagínese, en pocas palabras qué me quiso decir, se quiso pasar de morboso conmigo. Ya viéndome que estaba sola con mi nena, me quiso ver la cara. Imagínese, son trabajadores, son jefes de la compañía y encima de eso nos ven peor la cara a nosotros porque no tenemos, porque si tuviéramos dinero les demandáramos, cogiéramos abogado y todo, les hiciéramos pagar.

    (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial, 2017)

    La irrupción de la compañía minera ha generado una gran dependencia de la economía asalariada, altamente masculinizada, que contribuye a la subordinación de las mujeres a sus parejas. Las mujeres de Tundayme identifican mayores dificultades para acceder al trabajo remunerado ofrecido por ECSA, y cuando lo han logrado presentan importantes estados de estrés ante la imposibilidad de conciliar el trabajo asalariado en la minera con el trabajo de cuidados asignado a ellas.

    La llegada masiva de trabajadores hombres a la cordillera del Cóndor y la militarización del territorio –tanto por parte de las fuerzas de seguridad públicas como privadas– conforman nuevos espacios masculinizados, en los cuales las mujeres presentan sentimientos de miedo e inseguridad debido al acoso sexual al que están expuestas. Ante este escenario, las mujeres se ven confinadas al espacio doméstico, lo que limita su movilidad.

  • Territorio Tierra

    En el proyecto minero Mirador es claro quiénes son los sujetos privilegiados –Estado y empresas– que tienen el poder de decisión frente a las mujeres. En la interlocución con los hogares a la hora de tomar decisiones sobre el uso de la tierra, en Tundayme se da una interlocución exclusiva con los hombres. Las mujeres de Tundayme narran que en los procesos de negociación de venta forzada de fincas tanto representantes de empresas y Estado pedían hablar exclusivamente con los hombres mostrando actitudes claramente discriminatorias hacia ellas y excluyéndolas de la toma de decisiones. En ocasiones tuvieron conocimiento de la venta de las fincas cuando ya se habían producido, cuando los maridos ya las habían vendido. Las mujeres son vistas por el Estado y las empresas como agentes pasivos, sin voz propia, que tienen que estar bajo la tutela masculina.

    La demanda [por servidumbre] es desde hace unos 2 o 3 años. Llegó el abogado B., llegó el V., llegó una abogada y otra representante del gobierno y otro abogado. Mi hijo les dijo “¿para qué vienen aquí al hogar de mis papás?”, y le dicen que “queremos conversar solo con su papá”. “Cómo va a ser, si yo soy hijo y también está aquí mi mamá también”. “Queremos conversar solo con él y con nadie más. Señora, no queremos que usted se meta, no queremos que diga ni una sola palabra, ¿usted para qué se ha metido? Solo queremos hablar solo con él”.

    (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial, 2017)

    Las transformaciones y alteraciones del paisaje, la contaminación y los desalojos que se produjeron en Tundayme también crearon una ruptura en las familias campesinas y shuar, el futuro anclado a la memoria y a la pertenencia al territorio se vio violentamente afectado. De modo muy directo, se privó del derecho a sus propias casas, a la producción en sus territorios, en síntesis, a la vida en el modo en el que estos pueblos la conocían.

  • Territorio Organizativo

    Una de las estrategias más eficaces para desarticular la resistencia comunitaria en este caso fue el ofrecimiento de dinero a cambio de la venta de las parcelas, algunas familias aceptaron por la necesidad y las que no quisieron aceptar fueron presionadas y hasta obligadas. Las mujeres, que se caracterizan por la desconfianza ante el ofrecimiento de dinero y se niegan con mayor frecuencia a la negociación, cuentan cómo fue este proceso.

     … nosotros no queremos vender, nos ofrecieron trescientos dólares la hectárea […] Qué tanta necesidad de querer comprar la finca, si nosotros no estamos vendiendo, si vendemos a dónde nos vamos, dónde vamos a comprar el terreno.

    (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial, 2017) 

    Se conoce muy bien que, en las comunidades, los centros de vinculación comunitaria, los que son protegidos por la gente, son principalmente la escuela y la iglesia; estos lugares habitados y cuidados por las mujeres son puntos de encuentro y de reunión. Los trabajadores del proyecto minero, en un acto de violencia simbólica de su intento por romper la fuerza colectiva derrumbaron la escuelita y la iglesia.

    La empresa se resintió con la gente y nos tumbó la iglesia y la escuela. Sola estaba mi madre acá. Mi madre gritaba que paren para poder sacar al menos los santos. No avisaron previamente. Mi mamá temía que le tumbaran la casa.

    (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial, 2017)

    La dislocación del pueblo con su territorio, así como los procesos de desalojos forzosos, privaron principalmente a las mujeres de la posibilidad de regenerar procesos vitales, alimentar a sus familias y garantizar las labores del cuidado; el orden patriarcal impuesto por el dispositivo minero se aprovechó de las brechas de género para condicionar un trato diferencial en el que las mujeres eran contratadas en condiciones de inhumanidad.

Estrategias de resistencia de las mujeres

A partir de varias articulaciones y acciones conjuntas a nivel nacional, las mujeres afectadas por el extractivismo en la cordillera del Cóndor, así como organizaciones aliadas, han podido generar un impacto para que su voz se haga oír respecto a este proyecto minero.

Cabe destacar que la articulación de mujeres saramanta warmikuna nace justamente a raíz de la marcha por el agua que tiene su origen en la denuncia del proyecto minero Mirador. La articulación saramanta warmikuna está conformada por mujeres del campo y la ciudad, indígenas y mestizas que defienden sus territorios, sus derechos como mujeres y los de sus pueblos; los derechos de la naturaleza se constituyen en un actor clave en los procesos locales, nacionales e internacionales relativos a la defensa de estos frente al extractivismo y otras amenazas del modelo de desarrollo imperante.

En relación con procesos organizativos y la lucha de las mujeres frente al proyecto Mirador, destacamos la toma pacífica de la Embajada China en Ecuador por parte de ocho mujeres de Acción Ecológica quiénes, tras el anuncio en 2012 de la firma del contrato con la empresa china para la explotación del proyecto minero Mirador, decidieron entrar y tomar pacíficamente la Embajada China en Quito en donde se entregó una carta al cónsul sobre el rechazo al proyecto. Fueron arrestadas y retenidas en la sede de la Policía Judicial, acusadas de allanamiento de propiedad privada. Finalmente fueron puestas en libertad sin cargos.


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